Versión de Caperucita Roja (hecha por mi)
Caperucita
¿Han escuchado
de caperucita roja?, una chica tierna, hermosa, generosa, eso aparenta ¿no es
así?
La verdad es que
no es tanto así, sobre todo conmigo, el lobo, o más bien, el hombre lobo, ella
es más bien… ¿Cómo se dice?, Ah! sí, agresiva, por decirlo así. Les contaré
como nos conocimos, era una linda tarde de Abril, las flores estaban radiantes,
todo pacifico… Oh por favor, a quien engaño, en esta ciudad un día así es solo un
sueño, la verdad es que a esta ciudad había llegado la más hermosa época -sí,
soy sarcástico, la verdad la odio-, los hombre lobos se preparaban para la
cacería, y digo “ellos” porque, como dije anteriormente, a mí no me gusta, ¿su
filosofía?, matar o morir
La manada de
Woosley se había mudado a esta parte del bosque, y yo, como lobo solitario que
soy, los evitaba a toda costa, bueno, el caso es que estaba en mi paseo
matutino por el centro de la ciudad y la vi a ella, tan radiante como siempre,
con sus ojos azules como el afiro, con su chaqueta roja habitual, y, al
parecer, ella también me había visto porque corrió, no me sorprendí demasiado
ya que su familia desde hace siglos tiene la extraña habilidad de vernos como
realmente somos, seguí caminando con pesar de no poder acercarme a ella, solo
quería saludarla sin que ella me tuviera miedo, pero eso parece ser casi
imposible.
Pasaron los días
hasta que reuní todo el valor que tenía y me acerqué a ella
-Hola- le dije
Ella me
inspeccionó con horror en su mirada, y eso hizo que se me encogiera el corazón,
por primera vez en mi vida sentí una soledad inmensa que me rodeaba
-No te haré
daño, solo quiero hablar contigo- le dije tratando de no asustarla
Ella me miró y
retrocedió un paso
-¿Qué es lo que
quieres?- me dijo
-Solo…-
tartamudee, “¿Por qué no puedo pronunciar una palabra sin ponerme nervioso?
¡¿Porque estoy nervioso?!” pensé en ese momento- quería advertirte de no salir
de noche
-¿A caso te
incumbe lo que yo haga?, lo único que quieres es comerme, eso es lo único que
hacen ustedes los hombres lobo
Me sonrojé, ¿Qué
cómo lo supe?, porque me ardía la cara como una fogata, aún no se si de la
rabia o la vergüenza
-No generalices,
no todos somos así- crucé los brazos con disgusto
-¿Y tú me vas a
decir que no comes carne?, te he observado cuando pasas por la calle de
carnicero, la saboreas mientras la hueles ¿no es así?
No podía
mentirle era verdad, pero no solo es la carne, el caldo que él prepara es
totalmente exquisito
-Para que te
digo que no si es la verdad, pero no como carne humana, es desagradable,
prefiero la de res- le saqué la lengua tratando de burlarme de ella- además tú
no tienes pinta de tener buen sabor
Me sonrió,
parecía que le había gustado mi comentario, en ese momento yo también le sonreí
-Parece que es
cierto lo que me dices- me dijo con una sonrisa aún en los labios- no eres como
los demás hombres lobos
-Vaya, te diste
cuenta- le dije con sarcasmo haciendo un ademan con mis manos- no soy de las
personas que vaya por ahí escogiendo su próxima comida, además soy muy amistoso
como acabas de ver
Se rió, esa risa
fue la que hizo a mi corazón latir como un tambor, “¿Por qué me causa este sentimiento?”, pensaba yo en ese momento
Después de ese
día nos veíamos frecuentemente, casi siempre en el mismo lugar, parecíamos una
pareja muy enamorada, pero la verdad era que no teníamos relación alguna, ni
sanguínea ni, tal vez tampoco, sentimental, por más que yo comenzaba a sentir
un hormigueo cada vez que la veía pensaba “¿Ella siente lo mismo o solo lo imagino
yo?”
Y entonces llegó
“ese día”, o más bien, “esa noche”. Tenía que decirle, pero no pude encontrar
el momento para hacerlo, además la manada de Woosley me lo impidió, me retuvo
durante horas para que no me encontrara con ella, pero tenía que decirle, era
una urgencia. Sí, era esa noche, la noche de todos los santos en donde ella,
Madeleine, apodada “caperucita” por su habitual costumbre de tener puesta su
chaqueta roja, moriría en manos del más despreciable demonio apodado Woosley,
así era el destino de toda su familia:
“Morir en manos
de la raza firmante del contrato
Es el destino de
toda la familia descendiente
Del que acuerda
el contrato”
Acuerdo de paz
entre humanos y lobos
Pero ella no
tenía descendencia alguna, a sus 21 años ni siquiera tenía marido, su vida
había sido relativamente un fracaso, nunca había sido la mejor en la escuela,
no era profesional, a duras penas si pudo conseguir un trabajo en una
pastelería
¿Qué cómo lo sé
yo?, bueno, fuera de que ella me contó algunas cosas de su vida, yo la espiaba,
¿es legal eso?... ¡¿NO LO ES?! , no importa, yo poco seguía las reglas humanas
Sin más que
decir de ella o yo continuo, entre tanto, con el relato; cuando pude deshacerme
de los secuaces de Woosley corrí hacia ella como si no hubiera un mañana,
después de todo si no lo hacia ella no tendría un mañana
¿Por qué pensaba
en salvarla? ¿Acaso mis sentimientos por ella habían cambiado?, cuando llegue
al sitio en el que la tenía Woosley ella estaba dopada y atada a la copa de un
árbol, todos los hombres lobos alrededor como si se tratara de una diosa
esperando ansiosamente la luna llena.
Ese era su
juego, el objetivo era tomarla, llevársela lo más lejos posible y comérsela, el
primero sería el próximo líder, ¿reglas?, ninguna, derriba a quien puedas,
mátalos si tienes la oportunidad, no importa cómo, llega hasta ella.
Yo me quedé
allí, quieto como el mismo árbol al que ella estaba atada, con su chaqueta roja
haciendo reflejo en mis ojos amarillos, mi deseo de sangre surgió mientras la
luna llena iluminaba el valle, y, sin poder resistirme, me deje llevar por ese
momento, ese deseo de sangre se sentía de maravilla. Mientras daba una zancada
veloz impulsándome hacia adelante y luego hacía arriba descuartice a todos los
de mi especie allí presentes y no me importó.
Cuando ella
despertó yo la tenía en mis brazos, y, entonces, me vio en mi forma verdadera;
con mis grandes colmillos, mis ojos amarillos como el Citrino y mi piel
totalmente cubierta de pelo. Yo jadeaba, tenía mis manos cubiertas de sangre,
la bajé inmediatamente y corrí a esconderme, ¿Cómo podía mirarla a los ojos
después de verme en la forma que ella temía tanto de mí?
-No te acerques-
le suplique al verla acercarse a mí con cautela- soy solamente un monstruo
Se acercó aún
más a mí, sus ojos ya no revelaban temor, solo tenían un brillo de… ¿ternura,
compasión, amor, arrepentimiento?, hasta hoy me lo pregunto
-Tú eres de todo
menos un monstruo, Trevor- me dijo, pero lo que me sorprendió no fue su
sonrisa, ¿me acababa de llamar por mi nombre?
Trevor, ese era
mi nombre, y ella era la única persona en el mundo que lo hacía sonar como si
fuera un tesoro el tenerlo cuando para mi había sido una total maldición.
Ya ha pasado 1
año desde que comenzamos nuestra relación, desde aquel día mi corazón se
desbocaba cada vez que la veía y descubrí que yo lo amaba.
Y aún después de
todo este relato yo no he llegado al punto del por qué ella es agresiva conmigo
¿no es así?, bueno, la razón es que ella me corrige como a un cachorro mal
educado, pegándome en el hocico cuando empiezo a gruñir, creo que esta relación
va a terminar con mi olfato.

Comentarios
Publicar un comentario